"Existimos para nosotros mismos, quizá, y a veces incluso vislumbramos quiénes somos, pero al final nunca podemos estar seguros, y mientras nuestras vidas continúan, nos volvemos cada vez más opacos para nosotros mismos, más y más conscientes de nuestra propia incoherencia. Nadie puede cruzar la linde que le separa de otro por la sencilla razón de que nadie puede tener acceso a sí mismo" (Auster, 1997, p. 65).
Auster, P. (1997).
La habitación cerrada. Barcelona: Anagrama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario